Escritos procesales

«El mejor formulario, la Ley»



Quien acudiera a mis clases del Prácticum Interno de Derecho Administrativo reconocerá esta máxima, que yo repetía machaconamente: «El mejor formulario, la Ley». No es mía, sino de Jesús González Pérez en su Manual de Práctica Forense Administrativa, y atesora sentido común. Aunque puede costar un largo periplo, y algún que otro disgusto, el cerciorarse de su virtud.

Cuando yo era alumno de quinto curso de carrera, gracias a la iniciativa de una profesora asociada de Derecho Procesal, habíamos llegado incluso a hacer una demanda y su correspondiente contestación. Fue la primera vez que redacté un escrito de los «de verdad», aunque todavía no me explico cómo pude llegar a hacerlo. Y también la primera vez que oí aquel formulismo de «…comparece y como mejor proceda en Derecho…» que un avispado compañero, con familiares en la abogacía, había conseguido insertar oportunamente en su ejercicio práctico; a mí aquello me parecía haber emanado de algún arcano oráculo.

Una vez obtuve la licenciatura me puse casi de inmediato a ejercer. Se suponía que ya tendría que saber hacer, con la suficiente pericia, demandas, solicitudes, recursos, querellas y muchos escritos más. Aprendimos que, junto con la Escuela de Práctica Jurídica, los formularios de la Biblioteca del Colegio de Abogados constituían nuestra tabla de salvación frente al pánico. Los libros de formularios, de los que no habíamos tenido noticia apenas durante la carrera, serían a partir de ese momento una de nuestras principales herramientas de trabajo. Y por encima de todos ellos, el rey de los formularios: el mítico, enciclopédico y ya por entonces vetusto clásico Brocá-Majada (en aquel momento en su edición de 1988); la mera posesión de sus múltiples tomos en el despacho constituía el mejor indicativo de haberse consolidado en la profesión.

Antes de seguir adelante, aclaremos que, en el ámbito jurídico, un formulario es una colección que contiene modelos de aquellos escritos usados habitualmente en los procesos judiciales. Normalmente, para facilitar su consulta, está sistematizado siguiendo el orden en el que discurren los procedimientos.

En la actualidad, la red ha disparado el número de formularios disponibles (muchos de ellos gratuitos) y ha simplificado enormemente el acceso a los mismos. Basta teclear en Google, por ejemplo, “modelo de recurso de alzada” y pasar a proveerse a discreción en el autoservicio electrónico de documentos. Pero esto también ha multiplicado la desorientación y la inseguridad: la anterior búsqueda nos devuelve más de un millón de resultados diferentes, pero alguno ya obsoleto o correspondiente a otros ordenamientos jurídicos. Además de que se fomenta el insano y peligroso vicio (negado por todos, pero practicado por los más) del «copia y pega» salvaje.

La solución óptima es simple, aunque requiere un poco más de esfuerzo intelectual. En un Estado de Derecho como el nuestro, con plena vigencia del principio de legalidad procesal (art. 1 LEC), es la Ley la que nos tiene que indicar la forma en que debemos (o podemos) ejercer nuestras acciones judiciales. Si en un escrito plasmamos todo aquello que nos obliga a hacer (o nos permite) la Ley, no puede haber funcionario, Secretario o Juez que lo rechace por cuestiones formales. La ley, obviamente, no lo redacta por nosotros, pero sí nos marca el esqueleto del escrito. Por eso, no podemos ponernos a componer un escrito procesal sin antes haber desmenuzado el precepto o preceptos de la Ley procesal que nos indique qué debe (o qué puede) contener ese escrito. Lo primero debe ser que tengamos un esquema claro de la estructura del escrito y de lo que éste debe contener obligatoriamente (o puede incluir). Y en este cometido, nada puede sustituir a la Ley.

Por lo tanto, como ineludible punto de partida, he aquí dónde encontrar hoy los «mejores formularios» para algunos de los escritos más usuales en la práctica procesal española:

Solo a partir de aquí, ya podemos pasar a redactar. Con nuestro propio estilo.

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5 comentarios en “«El mejor formulario, la Ley»

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