Actuaciones judiciales

Sus Señorías se dirigen a los ciudadanos



Una de las mejores maneras de aprender el oficio de Abogado (la cual, por cierto, recomiendo a todos los compañeros que se inician) es ir a los Juzgados para asistir entre el público a los juicios. Como algún Abogado veterano me lo había aconsejado a mí, y dado que yo estaba empezando (por lo que todavía no tenía demasiadas ocupaciones), hubo un tiempo, ya lejano, en que me pasaba toda una mañana en la Sala de Vistas intentando tomar nota mientras observaba cómo se comportaban los que allí actuaban.

En uno de los Juzgados que yo frecuentaba por aquella época había entonces un Juez bastante joven. Cada vez que entraba un testigo para prestar declaración, este Juez le recitaba en tono imperioso, a toda velocidad, mirando desganadamente hacia un lugar indefinido y cual si de un tema de oposiciones se tratara, la siguiente retahíla:

«Comparece usted para deponer como testigo. Es su obligación contestar la verdad a todo lo que le sea preguntando. Queda apercibido de que el vigente Código Penal castiga con pena de prisión el falso testimonio prestado en causa civil. ¿Jura o promete decir verdad?»

Los pobres testigos, que acababan de entrar como toros (mansos) a la plaza, y se encontraban de repente rodeados por todos lados de figuras severas vestidas con extraños trapos negros, no sabían qué hacer ante la regañina. Eran muchos los que, tras girarse a un lado y a otro implorando ayuda con la mirada, farfullaban atropelladamente un incoherente «sí, juro o prometo», mientras en su interior seguramente maldecían el día que habían sido citados para ir al Juzgado.

Al cabo de unos años, este Juez fue sustituido por una Jueza, de similar edad al anterior. Cuando llegaba el mismo trance, la nueva titular del Juzgado decía, lenta, firme, tranquilamente y mirando con fijeza a los ojos de la persona que comparecía como testigo:

«Buenos días. Soy la Jueza. Usted viene aquí como testigo. Sepa usted que, si miente, irá a la cárcel. ¿Lo ha entendido? […] Y ahora, ¿jura que va a decir la verdad, o prefiere prometerlo?»

Ni que decir tiene que ahora los testigos tenían absolutamente claro cuál era su deber, y, al mismo tiempo, perdían algunos de los miedos con los que habían acudido.

Frente al autoritarismo, la apatía, el uso de términos técnicos, el trato despersonalizado del anterior titular, teníamos ahora en aquella Sala de Vistas el respeto por las personas, la empatía, la firmeza no autoritaria, el lenguaje claro, pero preciso, y, sobre todo, el trato digno.

Ambos Jueces cumplían con la ley (art. 365.1 LEC), pero cada uno con un estilo radicalmente  diferente. Y eran precisamente esas contrapuestas formas de trato personal y comunicación las que, probablemente, determinaran que, en la práctica, en el primer caso no se estuviera satisfaciendo la finalidad de la ley. Porque de lo que se trataba aquí, en esencia, era de asegurar la práctica en las debidas condiciones de una prueba testifical.

Relevante cuestión de estilo, pues.

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3 comentarios en “Sus Señorías se dirigen a los ciudadanos

  1. En la practica todo el mundo sabe que los testigos, de parte, mienten. La juez que dio “credibilidad” (porque prevaricar no prevarican) a la testigo del vídeo era como el primer juez joven.

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    • Gracias por tu comentario, Josef K.

      Curioso, porque los jueces que más marcan las distancias con los testigos suelen ser quienes menos “crediblidad” le dan a las pruebas testificales. Está claro que no se puede generalizar.

      Un cordial saludo.

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